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 Prólogo
La diversidad de países surgidos en el siglo XX ha hecho que cualquiera que trate de encontrar la etimología del nombre de todos los países del mundo pueda ser tildado de loco ya que no es una tarea sencilla, tal vez hasta utópica, al no existir una bibliografía acorde con los tiempos actuales.
Sin embargo, en esta investigación, no sólo se ha tratado de encontrar la etimología de los nombres de los países, sino que además se intentó explicar el significado de los nombres de muchas islas y el de ciudades importantes de la antigüedad e incluso los nombres de los países como se los denominaba en otros tiempos. Así podremos hallar a Cartago o Persia, Siam o Abisinia, Ceilán o Babilonia, por nombrar sólo algunos de ellos.
Además se relató una breve historia de cada país con el mero objetivo de introducirnos en su situación histórica, en especial la de tiempos remotos, dejando en la mayoría de los casos la historia reciente en manos del lector, que si su curiosidad así lo requiere, con seguridad la encontrará en libros o enciclopedias, no así el significado del nombre de los países.
Si duda de esto, recurrirá a su biblioteca y tratará de hallarlos. Con suerte, encontrará sólo un reducido número de ellos.
No obstante, se podrá apreciar que ciertas regiones despliegan un marco histórico más extenso porque algunos detalles, relatos o leyendas han sido considerados de interés.
La presente obra tiene como finalidad, conocer el origen de los nombres de los países, así como también, el de algunas de las islas que pertenecen a dichos países. Los llamados topónimos (del griego topos, lugar y ónoma, nombre) tienen la función principal de nombrar lugares, espacios geográficos, pero sus connotaciones van habitualmente más allá.
Esta tarea, que a priori puede parecer sencilla, presenta innumerables complicaciones.
La primera es que no existe, o al menos no he encontrado, una obra en la que se encuentren reunidos el origen de todos los nombre de los países y de muchas de las islas. Es por ello, que el trabajo de recopilación de datos, requirió de variadas fuentes de información y muchas horas de búsqueda.
La segunda, es que en muchas ocasiones, el lector podrá encontrar más de un posible origen. Esto es debido a que a través de los años se han perdido los rastros de los verdaderos orígenes, leyendas o simplemente la interpretación que algunos autores han dado a ciertos relatos y modifican sustancialmente el origen de los nombres de ciertos países. Me pareció injusto excluir alguna acepción por más que parezca poco probable. También encontrará todos los posibles orígenes del vocablo y será su tarea aceptar como válida la que más lo convenza.
Se han agregado además el origen de los nombres de los continentes, que si bien no son países, son lo suficientemente importantes como para tratar de dilucidar su posible origen.
Si el lector posee alguna otra versión de las que aquí figuran, puede enviarlas a la página web que figura en las solapas de esta obra, que con gusto se incluirán en futuras ediciones. La única condición es que estén fundadas convenientemente a través de una fuente de información que se pueda verificar.
Antes de comenzar me gustaría aclarar dos puntos en relación a la palabra "descubrir". En las regiones en donde se menciona esta palabra, como por ejemplo en los países de América, África, Oceanía, etc. tiene que quedar claro que técnicamente no fueron descubiertas por los europeos. Fueron los aborígenes de cada una de las regiones quienes fueron en realidad los descubridores de dichas latitudes. En segundo lugar, los europeos de aquellos años consideraban que ellos habían descubierto esas tierras porque tenían un concepto "Eurocéntrico" y que a partir del momento de su "descubrimiento" comenzaba la historia de estas regiones, cuando en realidad, se encargaron de destruir una cultura, una civilización que perduró por miles de años hasta que llegaron los conquistadores para "evangelizar" con la esclavitud y la extracción de todo aquello que les pareciera de utilidad, dejando en las tierras a las que llegaban, además de la esclavitud, muertes, enfermedades, abusos, autoritarismo y despotismo.
Por último tengo que mencionar que si bien los países han sido ordenados alfabéticamente y a su vez agrupados en continentes, los historiadores y geógrafos no tienen una opinión uniforme en la forma de separar algunos países de Europa y Asia. Así, países como Turquía, Armenia, o hasta la misma Rusia, son puntos de discusión. Lo mismo sucede con los límites establecidos entre Asia y Oceanía. Por ejemplo la isla Nueva Guinea, ha quedado dividida entre ambos continentes. Por ello, le ruego al lector que acepte la clasificación hecha en la presente obra, aunque no esté de acuerdo con ella.

Edgardo Daniel Otero